Juez o Mercader? El acaparamiento de la justicia de Paz, en Colón.


Con la implementación de la Ley 16, se dio paso a la denominada Justicia de Paz, lo que según el legislador patrio, ponía fin a décadas de abusos, excesos y proliferación de actos de corrupción de los mal recordados Corregidores. 
Se suponía, que por el hecho ser sometidos a un proceso de escogencia, donde se examinará la experiencia, capacidad y honestidad; estos jueces vendrían a solucionar un dilema, cuál no era otro que: Los panameños nos sintiéramos protegidos, y no perseguidos por esta nueva figura “Justicia de Paz”.
En el largo, tortuoso y para mi viciado proceso de selección, nos constituimos en su más ferviente crítico; pues así como advertí habían un par de excepciones, en términos generales quienes se postularon, no tenían el mínimo de experiencia, cultura jurídica y lo más importante, capacidad para administrar justicia. Y los resultados no me han dejado mentir, pues mientras en algunos corregimientos los “Jueces de Paz”, se han convertido en líderes, consejeros, mediadores y conciliadores sociales; en otros, se han creado infra estructuras para la contaminación, desasosiego, y lo más grave, corruptelas. 
Ya acumulan más querellas y denuncias, que las contabilizadas en décadas por sus antecesores, representan un punzonazo a la escuálida finanza del Municipio de Colón, donde algunos ganan B/1,500.00, y otros B/1,000.00; y lo único que aportan es descrédito y vergüenza, pues el único enlace entre el Administrador Municipal y esta camarilla, es un funcionario a quien administrativamente llaman “Coordinador”, pero ni el mismo se coordina, en virtud que en la Ley no existe la figura. Para tal fin, se dispuso fuese una “Comisión”, que sirviera de instancia de supervisor, y tribunal para atender los procesos disciplinarios, Comision que en el caso del distrito de Colón, trabaja Ad honoren, es decir no cobran. 
Con la designación de jueces como Salcedo, Nasta, Leslie entre otros; sentimos el asunto marcharía por sendas de equilibrada y justa misión, pero cómo hacer, cuando estos justos administradores, están rodeados de una pandilla familiar, que mantiene secuestrados los dos despachos de mayor importancia en el distrito. 
Con el hecho de haber mencionado sólo tres, no quiere decir no cometan errores, tampoco sean amigos; sino que los he visto actuar en distintos procesos, y son muy distantes a lo que representan la cofradía de tramposos y corruptos que desdice de la noble misión de “administrar justicia” en dos de los catorce corregimientos del distrito de Colón, y que alguien diría, “por algo son parientes”.
En una ocasión, uno de estos dos pillos, me trato de amedrentar sobre los nexos que su pariente tiene con sujetos vinculados al crimen organizado, y mi respuesta fue precisa, al indicar, “recibo la amenaza, pero estaré alerta, y gracias por traer el mensaje”.
Con lo anterior, en una historia que tiene más de terror que de aventura, queda claro, que urge la revisión de la Ley, que en esencia nació noble, pero que en su áspera implementación, ha resultado, la más crítica de las experiencias, por quienes han tenido la desdicha de comparecer a esos despachos (Norte-Sur), en aras se hiciera justicia.

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